lunes, 14 de septiembre de 2015

Sin aditivos.

Siempre tiendo a escribir metafóricamente y lo más ''''''''bonito'''''' posible, pero hoy estoy muy enfadada, y desde el cabreo también puedo escribir, pero sin preocuparme de rebuscar palabras y suavizar los golpes.

Estoy muy cabreada con la cultura de borrachera que rodea las fiestas, no contra el alcohol, claro que bebo cerveza, calimocho, y puede que algún chupito o cubata.
También me he emborrachado, he fumado, incluso fumo alguna que otra vez. No estoy totalmente en contra de las drogas, pero si en contra de su mal uso, de su sobrexplotación, de que se conviertan en instrumentos socializadores y socializados.
Me molesta enormemente que sirvan de excusa y justificación, que sirvan para atrocidades de las que sentirnos victimas.

Lo que me ha hecho 'explotar' ha sido ir a una concentración antiespecista, y ver como un grupo se acercaba litronas y porros en mano, haciendo caso omiso a lxs que allí estabamos para seguir con su fiesta dentro de la concentración. Dando pie a muchos más comentarios del tipo: ''porritos y cerveza para los perroflauta''.

Estoy cabreada, con el miedo que me generan las fiestas, la noche, por el abuso de las drogas, no niego que de vez en cuando me apetezca, a quién no le atraen los riesgos.
Pero muchas veces he sentido la presión del consumo social, tanto como el del patriarcado, o el del consumismo, el capitalismo y otros muchos sistemas opresores.

Soy muy contradictoria e incoherente, y lo se, y mucho me he torturado a mi misma por ello, pero voy a mostrarme natural, tal cual soy, con mis id(e)as y venidas, con mis subidas y bajadas, con mis extremos y mis puntos medios fallidos, porque no he acabo de construirme y ya he empezado a deconstruirme, porque me he destruido, me han destruido y me han construido.

Y creo que es necesario que nos comuniquemos, que hablemos, que nos apoyemos, que veamos que no estamos solxs.
Que puedo querer conoceros por redes sociales, veros por la calle, miraros y sonreiros, que puedo estar a vuestro lado y no saludaros, y es que tengo tal vergüenza de mi misma, porque la vergüenza que nos impide mostrarnos es de eso, y de miedo, que no seré capaz de entablar una conversación, que tal vez lo intenté timidamente y me haga chiquitita si no recibo una mano tendida en la que sujetarme.