Me da mas miedo matarme que morirme o que me maten. Y ojalá no lo entendáis.
Sentir como tu cabeza va cerrando las puertas, poniendo candados, cerrando las ventanas y tapiendolas, apagando todas las luces, dejandote a oscuras. Y el dolor, la losa de peso incalculable en la cabeza tirando de la cuerda que anuda tu garganta y tus manos rasgando tu piel.
Pensamientos recurrentes, incontrolables, sensaciones, más allá de las somatizaciones, el ruido imparable en la cabeza y la incapacidad de concentrarte en el susurro de fuera, que se va convirtiendo en grito y se apaga en el silencio, pero tú no puedes, no puedes entenderlo.
Y ser consciente de todo esto, querer pararlo, y en ese intento empeorarlo aún más, conseguir unir tres o cuatros palabras y decirlas totalmente fuera de contexto: 'no estoy bien', 'no puedo', 'algo va mal', 'mi cabeza'.
El bucle, imparable, del que no sabes salir, buscas mil soluciones, te obsesionas en una y sabes que es imposible, y sabes que tienes que ser tú quien te salve, y no otrxs los que no te dejen caer.
Y algo, toc aun botón, que torna la rigidez de tu cara en la mueca más dolorosa del mundo, y salen unas cuantas lágrimas, y crees que la losa se está diluyendo, pero no sabes si ese agua será la que vuelva ahogarte.
sábado, 14 de noviembre de 2015
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Enfermedades de trasmisión social.
Muchas veces he escuchado a profesioanles de lo psi decir que algunas enfermedades mentales son como cánceres mentales.
Que una idea, un sentimiento, pensamiento... se reproduce en el cerebro, hasta bloquearlo o modificarlo y movernos a destrozar nuestro cuerpo.
Pues yo vengo a comentarles, que no creo que tengamos un cáncer mental, que más bien es un SIDA, una clara enfermedad de trasmisión social.
El cáncer está aceptado socialmente, incluso nos produce pena y rabia, victimizamos al enfermx y le cuidamos.
Sin embargo, el sida sigue siendo tabú, nos da miedo, culpabilizamos a sus enfermos y cuando nos lo cuentan nos supone una carga, e incluso enfado. Que nos lo hemos buscado, que todxs tenemos las mismas situaciones y solo a unxs pocxs nos pasan estas cosas, por descuidaxs.
Así que, si, tenemos una enfermedad de trasmisión social, con todas las de la ley, somos tabú, no se nos nota excepto que estemos en un punto extremo, estamos medicadxs, hasta las trancas, para sobrevivir, la etiqueta que nos ponen es tantantan pesada, que cada vez que tenemos realaciones sentimos la necesidad de contarlo, que creemos que ocultamos y mentimos si no mostramos nuestras 'enfermedades', y es que cuando penetran (o penetramos) en nuestras (sus) vidas, creemos que les vamos a contagiar irremediablemente, de hecho como bajemos la guardia corremos el temible riesgo de cargar con nuestra enfermedad y su reflejo en la persona, vamos, que somatiza hasta nuestras alucinaciones.
Que una idea, un sentimiento, pensamiento... se reproduce en el cerebro, hasta bloquearlo o modificarlo y movernos a destrozar nuestro cuerpo.
Pues yo vengo a comentarles, que no creo que tengamos un cáncer mental, que más bien es un SIDA, una clara enfermedad de trasmisión social.
El cáncer está aceptado socialmente, incluso nos produce pena y rabia, victimizamos al enfermx y le cuidamos.
Sin embargo, el sida sigue siendo tabú, nos da miedo, culpabilizamos a sus enfermos y cuando nos lo cuentan nos supone una carga, e incluso enfado. Que nos lo hemos buscado, que todxs tenemos las mismas situaciones y solo a unxs pocxs nos pasan estas cosas, por descuidaxs.
Así que, si, tenemos una enfermedad de trasmisión social, con todas las de la ley, somos tabú, no se nos nota excepto que estemos en un punto extremo, estamos medicadxs, hasta las trancas, para sobrevivir, la etiqueta que nos ponen es tantantan pesada, que cada vez que tenemos realaciones sentimos la necesidad de contarlo, que creemos que ocultamos y mentimos si no mostramos nuestras 'enfermedades', y es que cuando penetran (o penetramos) en nuestras (sus) vidas, creemos que les vamos a contagiar irremediablemente, de hecho como bajemos la guardia corremos el temible riesgo de cargar con nuestra enfermedad y su reflejo en la persona, vamos, que somatiza hasta nuestras alucinaciones.
lunes, 2 de noviembre de 2015
La rara sensación de cuando te alejas de todo lo que no te gusta, te daña, o no quieres en tu vida.
Y de repente, en ciertas ocasiones, tienes uqe exponerte a ello, y te resulta tan pero tan extraño, tan doloroso, tan asqueroso, tan incomprensible, y la gente no entiende tu reacción, y te juzga, te llama extremista, te invita a examinar tus reacciones y te etiqueta de loca e histérica.
Lo siento mucho, porque puede que seáis personas a las que quiero, y eso no va a cambiar, son vuestras actitudes las que desprecio.
Ahora, que trato de vivir rodeada de aceptación, que busco el feminismo, el transfeminismo, la deconstrucción, el antiespecismo, el veganismo, el anarquismo, la libertad, el escepticismo, la confianza... Cuando consigo ser de barro y silencio, y fundirme, perder mis formas, olvidarme de los límites y las cadenas... Vuelvo y seguís ahí, plástico, y ruido, mucho ruido, el ruido de vuestras cadenas de hierro, ese machacante ruido que amenaza con despedazarme las entrañas, que me duele, que me hace gritar y revolverme, que reabre mis heridas y me invita a lanzarme contra vosotrxs, que me desquicia y me vuelve loca, y os juro, (y os repito) que esta locura, está vez si oscura.
Porque descargáis sobre mi las culpas, y yo me responsabilizo, de mi conducta, de mi reacción y olvidáis vuestra acción, vuestra locura, porque la mía, la mía, la mía... la mía, está vez os cura.
Y de repente, en ciertas ocasiones, tienes uqe exponerte a ello, y te resulta tan pero tan extraño, tan doloroso, tan asqueroso, tan incomprensible, y la gente no entiende tu reacción, y te juzga, te llama extremista, te invita a examinar tus reacciones y te etiqueta de loca e histérica.
Lo siento mucho, porque puede que seáis personas a las que quiero, y eso no va a cambiar, son vuestras actitudes las que desprecio.
Ahora, que trato de vivir rodeada de aceptación, que busco el feminismo, el transfeminismo, la deconstrucción, el antiespecismo, el veganismo, el anarquismo, la libertad, el escepticismo, la confianza... Cuando consigo ser de barro y silencio, y fundirme, perder mis formas, olvidarme de los límites y las cadenas... Vuelvo y seguís ahí, plástico, y ruido, mucho ruido, el ruido de vuestras cadenas de hierro, ese machacante ruido que amenaza con despedazarme las entrañas, que me duele, que me hace gritar y revolverme, que reabre mis heridas y me invita a lanzarme contra vosotrxs, que me desquicia y me vuelve loca, y os juro, (y os repito) que esta locura, está vez si oscura.
Porque descargáis sobre mi las culpas, y yo me responsabilizo, de mi conducta, de mi reacción y olvidáis vuestra acción, vuestra locura, porque la mía, la mía, la mía... la mía, está vez os cura.
Mi locura, no tecura.
He perdido la cuenta de las veces que han pedido ver mis tatuajes, sin saber lo que escondían.
De las veces que han agarrado mi antebrazo y observado mi muñeca, en silencio, porque nadie sabe que decir cuando descubre que ha llegado demasiado lejos.
Porque te averguenzas y me averguenzo y juro que por dentro muero.
Porque a veces, lo único que espero es una caricia, en silencio, que me diga no eres invisible, tu dolor no es invisible.
Que no quiero sermones, ni charlas filosóficas, que coño me vas a decir, no me interesa. De verdad que no. Que solo quiero esa maldita caricia. Y respeto.
Que asumas que has llegado demasiado lejos y me valores, cerrando la puerta.
Si quiero hablar, lo haré, si no soy capaz te lo diré.
Es complicado, soy complicadx. Pero te diré algo muy fácil de entender: mi locura, no tecura.
De las veces que han agarrado mi antebrazo y observado mi muñeca, en silencio, porque nadie sabe que decir cuando descubre que ha llegado demasiado lejos.
Porque te averguenzas y me averguenzo y juro que por dentro muero.
Porque a veces, lo único que espero es una caricia, en silencio, que me diga no eres invisible, tu dolor no es invisible.
Que no quiero sermones, ni charlas filosóficas, que coño me vas a decir, no me interesa. De verdad que no. Que solo quiero esa maldita caricia. Y respeto.
Que asumas que has llegado demasiado lejos y me valores, cerrando la puerta.
Si quiero hablar, lo haré, si no soy capaz te lo diré.
Es complicado, soy complicadx. Pero te diré algo muy fácil de entender: mi locura, no tecura.
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