La terrible diferencia entre querer morirse y querer matarse.
La cuerda floja, la delgada línea, el hilo rojo que separa mis estados de ánimo, mis pensamientos, mis sentimientos.
La canción que reconduce los pensamientos, la melodía que calma los instintos, los acordes que acarician hasta convertir las ganas de matarme en ganas de morirme.
Que es muy distinto, joder. Shs, mira como miento.
Nunca seré perfecta, y no me lo voy a perdonar.
Tú no lo hiciste, ellxs no lo han hecho. Yo no lo voy a hacer.
Voy a romperme.
Voy a destrozarme.
Voy a abrirme, a hurgarme, a tirar y tirar, sabiendo que jamás lo arrancaré.
No me pongas la jodida zancadilla,
voy a subir,
todo lo alto que pueda,
voy a llegar a la jodida cima, y me voy a tirar, te voy a enseñar, que nadie me hace más daño que yo, que si quieres ganar lo llevas jodido, que soy peor, que tú intentarás salvarme y yo trataré de matarme.
Que voy a dar la vuelta a todo que voy a volverme loca y te haré desaparecer.
Que voy a explotar y arrasaré. Conmigo.
Porque ya te habrás ido, porque ya te habré echado.
Porque ya habré huido.
No sé quien va a ganar, pero no reconoceré que he perdido.
He aprendido que el antagonismo es un espejismo (yo frente al espejo).