miércoles, 30 de marzo de 2016

El equilibrio, el autocontrol o las normas sociales.

Creo que lo que denominamos equilibrio mental, salud mental... no es más que la capacidad de contenernos e inhibir impulsos.

O quizás es que mis impulsos simplemente ya sean un desequilibrio por si mismos.

Esa angustia que anuda la garganta y mueve a tus manos que rascan y rascan, y buscan algo en lo que entretenerse, para que los pensamientos no terminen por ahogarte ante la imposibilidad de inundar los ojos.

Esa ansiedad impulsiva que te anima a comer y comer y comer, a correr, a saltar, muscular...

Esa tristeza que te lleva a hacer recuento de cuantas personas te echarían de menos, de cuantas se habrán acordado de ti ese día... o esa semana.

La rabia que mueve tu cuerpo para hacer algún ruido que muestre tu enfado, porque te contienes para no gritar, o el grito y los gestos agresivos para no agredir de forma desequilibrada.

Esos ruidos cotidianos que se vuelven inaguantables, que martillean tu cabeza y te enfadan, y te empujan a explotar o irte.

Esa irritabilidad, irascibilidad, que ante cualquier intento de dialogo siente una ofensa y un ataque y acciona una lengua bípeda cargada de veneno.

Ese largo de etcétera de emociones que se despiertan y se vuelven incontrolables, pero que a veces, controlas (aunque seas incapaz de gestionar, porque el análisis y la (auto)crítica, la formación y la deconstrucción, no pueden con la propia mente).

Ese poco o mucho control que resulta suficiente para no ser diagnosticado con un trastorno o enfermedad mental, para autodiagnosticarse o para ser consciente de la posibilidad de padecerlas. 

O para recordar que sigue ahí, latente, que te mantiene en lucha.

jueves, 10 de marzo de 2016

Sigue.

A veces...
...sigue...
para hacerlo más poético y menos patético: vuelve.

Sonrío,
me río,
y río,
y río
me retuerzo, de risa.
y tiemblo,
Me río y desbordo,
lloro,
y lloro,
y lloro.
Y no sé en que momento me tuerzo, pero lo hago.

Noto un susurro, una palabra, suave, lenta, que no acaba, sigue y vuelve a empezar, una idea, que toma forma, que se apropia de las letras y se repite, constante, me adormece, mi cuerpo no me pertenece, ya no es mío, a veces, consigo hacer algún movimiento, aprieto la mandíbula, se me anuda la garganta, da vueltas el estómago, pierdo consistencia y consciencia, todo se diluye si estoy rodeada y trato de aguantar las lágrimas, se emborrona mi alrededor, no percibo vuestros ruidos o lo hago demasiado, no siento nada.


Ahora no.


Y la idea, se expande, juega con las letras de esa palabra, crea imágenes, veo, porque no consigo enfocar, ya no miro, solo veo.Y me muevo lento, trato de hablar, pero ni yo me entiendo, te da miedo, lo sé.

Te contaré un maldito secreto: a mi también.

Si quieres huir, corre, tú que puedes, pero no te quedes ahí, como si nada cuando todo.
No me mires como si no me vieses, no me hables como si no me oyeses.

Si quieres huir quedate,
correré rápido.
Prometo no volver.

Sigue.