jueves, 4 de abril de 2013
No sé.
Este no sé constante en el que me he convertido, un no sé en el que conviven fantasmas, monstruos y pastillas. Porque no sé donde me he quedado yo, no sé si queda algo de mi.
Morfeo salvame de los precipicios que me dan vértigo las ojeras.
¿Quién soy? ¿Queda algo de mi? ¿He sido alguien en algún momento? ¿Son estas cenizas lo que fui o lo que seré? No sé, no sé... Se que ardí más de mil veces porque soy experta en echar leña al fuego que ya se ha apagado. Y lo irónico es que tú, a quien escribo todas las palabras, por quien ardo, me reconstruyo, caigo y me arrastro, no sabes nada, o no entiendes lo que sabes. Porque es difícil que dos personas entiendan el trocito de alma que se le pone a cada palabra, es difícil descifrar miradas, abrazos, caricias, detalles y gestos pequenormes que quedan ocultos en lo que parece nada.
martes, 2 de abril de 2013
Como niños.
Siempre temía encontrar monstruos debajos de la cama o dentro del armario, o que quizás dejara una rendija abierta en la ventana, un poco subida la persiana y se colarán, luego descubrí que los peores monstruos los creaba yo y estaban dentro de mi y fuí creciendo, alimentándolos, cuidándolos y mimándolos, sin saber muy bien si ellos eran yo, yo era ellos o eramos nosotros yo. Y es que nos creemos adultos si ''controlamos'' nuestros monstruos. Hasta que te das cuenta que son ellos quienes te controlan a ti y en un intento desesperado huyes a tu infancia de nuevo y quieres meterlos debajo de la cama, sacartelos y esconderlos en el armario, dejarlos donde no los puedas ver, como cuando te decían que limpiarás y guardabas la mierda donde no se viese, eso intentas con tus monstruos con tu mierda, taparla, esconderla, no mirarla, pero... esta mierda son mosntruos, estos monstruos saben donde esconderse, ese escondite eres tú. Tú eres esa mierda de monstruos escondidos.
Subiajadas.
Opuestos, extremos. Eso define mi día a día. No saber si amanecerás arriba o atardecerás en el subsuelo. Simplemente estás arriba o abajo. No hay subida gradual de la que disfrutar ni bajada en la que prepararte para la hostia. Y preferiría tener pies de plomo que estás alas de cristal, porque se deja de disfrutar del vuelo cuando se está en todo momento preparado para la caída, supongo que en eso consiste el vértigo, en llegar a lo más alto y descubrir que le has cogido miedo también a eso.
disfrutaste la primera subida y quizás hasta te gusto más la segunda porque te sentiste fuerte al vencer la gravedad, al limpiarte los rasguños y volver a trepar, pero cuando estás cubierta de cicatrices y remiendos por los que se escapan las fuerzas de volver a subir, no se disfruta el encontrarte arriba sino que se llega a odiar más que el estar pegado al suelo, es como una ironía de la vida que solo te deja subir para poder ver como caes.
Y es que supongo que yo misma soy una contradicción, ¿es coherente mi ropa, con mi mente, mi cuerpo con mi pelo, mi alma con mis actuaciones? Soy como este blog hecho a retales, a impulsos, a ganas que aparecen y mueven mis dedos por el teclado o a olvidarme de las palabras y expresarme en silencios.
disfrutaste la primera subida y quizás hasta te gusto más la segunda porque te sentiste fuerte al vencer la gravedad, al limpiarte los rasguños y volver a trepar, pero cuando estás cubierta de cicatrices y remiendos por los que se escapan las fuerzas de volver a subir, no se disfruta el encontrarte arriba sino que se llega a odiar más que el estar pegado al suelo, es como una ironía de la vida que solo te deja subir para poder ver como caes.
Y es que supongo que yo misma soy una contradicción, ¿es coherente mi ropa, con mi mente, mi cuerpo con mi pelo, mi alma con mis actuaciones? Soy como este blog hecho a retales, a impulsos, a ganas que aparecen y mueven mis dedos por el teclado o a olvidarme de las palabras y expresarme en silencios.
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