domingo, 6 de abril de 2014

No sé ponerle palabras a este destrozo.

A veces no encuentro las fuerzas y pierdo las ganas, es lo que tiene no saber que soy, darme cuenta de que en un nosotros perdí el yo o que quizás nunca tuve un yo y esa fue la perdición del nosotros. El caso es buscar culpables y despersonificarnos.
Tenía miedo de ti, o más bien creía tenerlo, porque en realidad era un miedo horrible de mi, de mi sin ti, de mi sin mi, de ese mi que no existe y no soy capaz de construir, hablo a solas con mi vocecita, intento que lleguemos a un acuerdo, que sea ella quien me diga que soy, que quiero, que siento, pero siempre se rebela y me dice que eso es cosa mía, que debo buscar aún más adentro.
Y tengo miedo, miedo de lo perdida que estoy, de andar descalza y ciega por encima de los trozos que han quedado.
Tengo tanto miedo, que no avanzo, que siento que al intentar moverme el vértigo me tiro al suelo, que he intentado arrastrarme y me he destrozado.
Quiero encontrarme porque se que yo soy la fuerza que no tengo, que debo dejar de buscar espejos y emepezar a ser yo quien manda en el reflejo de los ojos que me miren al caminar por el alambre, que creía que saltar del precipio era caída libre y me encontre de pie sobre la fina línea que separa la hostia del volar.
Quiero ponerme frente a todas mis inseguridades y decirles que dejen de disfrazarse de fobias, que yo soy todo lo que ellos tratan de esconder, que soy la cara oculta de mis monstruos.
He aprendido que peor que el dolor, es no sentir nada, es este vacío de no saber por donde empezar cuando ya han salido los créditos de lo que puedo haber sido y nunca será.
He dejado de mirar a los relojes pensando que así podía parar el tiempo, y no sé si ha funcionado pero por lo menos me río cuando os veo correr sin sentido mientras sigo aquí tumbada esperando que salga algo de dentro que me impulse a levantarme y empezar a correr o andar o volar, que más dará, si solo quiero poder.

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