Me perdí en un cruce de miradas, en el intercambio de almas. Me desprotegí y por un tiempo creí que permanecería intacta, daban igual los golpes, recogía los pedazos que tú rompías y mi mente se empeñaba en esparcir, los remendaba con buenas caras y palabras de autoconvencimiento, y ahora... será que todos esos pedazos no han aguantado cuando ha flaqueado la sonrisa y pesan demasiado las automentiras que no dejan de tirar bocaos cuando intento dejar a mi mente dormida, y de tantos bocaos ha decidido atacar, tomar la posesión del caos y clavarme los pedacitos que yo creía haber arreglado.
Me empeñe en no sentir dolor. Y deje de sentir. Se me empaño el no sentir dolor, se me condensaron las sonrisas, se me deshizo la valentía, que había cosido con fuerza y ganas. Se me empañaron los días con todas las noches que había evitado, ardió la luna de tantos soles mentirosos que la habían quemado.
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