Opuestos, extremos. Eso define mi día a día. No saber si amanecerás arriba o atardecerás en el subsuelo. Simplemente estás arriba o abajo. No hay subida gradual de la que disfrutar ni bajada en la que prepararte para la hostia. Y preferiría tener pies de plomo que estás alas de cristal, porque se deja de disfrutar del vuelo cuando se está en todo momento preparado para la caída, supongo que en eso consiste el vértigo, en llegar a lo más alto y descubrir que le has cogido miedo también a eso.
disfrutaste la primera subida y quizás hasta te gusto más la segunda porque te sentiste fuerte al vencer la gravedad, al limpiarte los rasguños y volver a trepar, pero cuando estás cubierta de cicatrices y remiendos por los que se escapan las fuerzas de volver a subir, no se disfruta el encontrarte arriba sino que se llega a odiar más que el estar pegado al suelo, es como una ironía de la vida que solo te deja subir para poder ver como caes.
Y es que supongo que yo misma soy una contradicción, ¿es coherente mi ropa, con mi mente, mi cuerpo con mi pelo, mi alma con mis actuaciones? Soy como este blog hecho a retales, a impulsos, a ganas que aparecen y mueven mis dedos por el teclado o a olvidarme de las palabras y expresarme en silencios.
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