Morir un poco solo por el placer de que me resucites. Me acostumbré a tirarme de cabeza sin dudar desde cada uno de tus precipicios siempre esperando caer sobre tu piel hasta que un día descubrí el suelo y que duro, sabe como a realidad esas heridas que sangran. Se me raspa la inocencia y me crece la coraza y ahora dudo si saltar pero tú me sigues empujando a tus abismos y no me queda resistencia si recuerdo los segundos antes de caer el vértigo mezclado con placer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario