Un día, te despiertas, no llegas a abrir los ojos, te arrastras por tu mente, te deslizas por lo que ha pasado, por saber que te ha llevado a donde estás, buscas que fue ayer, y no te encuentras, te arrastras... un poco más, te deslizas suavemente por un ayer más amplio, y no sabes donde estás. ¿Quién eres?, si, sigues metida en la cama, tapada, metes la cabeza entre las sábanas, respiras, notas el calor de estar viva, ¿pero lo estás?, vuelves a arrastrarte por tu mente...buscas una razón para despertar, para abrir los ojos y enfrentarte a lo que haya ahí fuera, para poenrte en pie y poder ser la persona que los demás creen saber que eres, tal vez te estén esperando. No hay nada, nada que te de ese impulso para moverte. ¿Quieres llorar? No, eso sería sentir algo, y no sientes nada. Poruqe lo has sentido todo, porque día tras día has sentido que te rompías y has creído que te recomponías, has disfrazado de acero el puto tercipelo, te has rasgado y destrozado, para sentir lo que sienten los demás, te has puesto en el lugar de los que nunca han pensado en ti, has empatizado con quien te ha tirado a matar, y te has creído que eso te salvaría, y eh, te han dado, y ahora no puedes despertar.
¿Dolor? no, no lo sé. Me vuelvo a arrastrar...¿Que coño paso ayer?, quien era yo antes de meterme en esta cama, ¿Con qué esperanzas me metí? ¿Pensé en volver a salir?
No hay comentarios:
Publicar un comentario