La rara sensación de cuando te alejas de todo lo que no te gusta, te daña, o no quieres en tu vida.
Y de repente, en ciertas ocasiones, tienes uqe exponerte a ello, y te resulta tan pero tan extraño, tan doloroso, tan asqueroso, tan incomprensible, y la gente no entiende tu reacción, y te juzga, te llama extremista, te invita a examinar tus reacciones y te etiqueta de loca e histérica.
Lo siento mucho, porque puede que seáis personas a las que quiero, y eso no va a cambiar, son vuestras actitudes las que desprecio.
Ahora, que trato de vivir rodeada de aceptación, que busco el feminismo, el transfeminismo, la deconstrucción, el antiespecismo, el veganismo, el anarquismo, la libertad, el escepticismo, la confianza... Cuando consigo ser de barro y silencio, y fundirme, perder mis formas, olvidarme de los límites y las cadenas... Vuelvo y seguís ahí, plástico, y ruido, mucho ruido, el ruido de vuestras cadenas de hierro, ese machacante ruido que amenaza con despedazarme las entrañas, que me duele, que me hace gritar y revolverme, que reabre mis heridas y me invita a lanzarme contra vosotrxs, que me desquicia y me vuelve loca, y os juro, (y os repito) que esta locura, está vez si oscura.
Porque descargáis sobre mi las culpas, y yo me responsabilizo, de mi conducta, de mi reacción y olvidáis vuestra acción, vuestra locura, porque la mía, la mía, la mía... la mía, está vez os cura.
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