A veces pienso en tu espalda desnuda, tirada en la cama, tu cuerpo dormido, despertando mis sentidos.
Esos lunares incitando a mis dedos, como cuando quiero llamar a los timbres de cualquier casa y salir corriendo, sin más razón que la de tirar la mano y esconder la piedra.
[Porque acerco una mano y convierto la otra en una cárcel, mi puño cerrado con el corazón bien estrujado.]
Y pienso en las veces que sonó la alarma y no quisimos despertarnos, y recuerdo la hostia del reloj para decirme que mi tiempo...
ya
había
terminado.
Y hoy, lo recuerdo con una sonrisa en la cara, porque se que todo lo que pudo haber sido y no fue, no será, porque no debió haber sido.
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