lunes, 19 de octubre de 2015

Sácame de aquí.

Te miro a oscuras y no me veo, veo tus curvas que son mis precipios.
Una tripa que en vez de servirme de colchón, es un trampolín a una piscina vacía, a un ombligo seco de deseo.

Te miro y veo las arrugas de una carne flácida, que no deja ver los vértices de mis demonios, que ya no sé si son míos, tuyos o nuestros.
Pero que no les quiero, ni aquí, ni cerca, ni lejos.
Que he cortado la electricidad de mi piel y tú sigues llamando al timbre para joderme.

Que miro y el problema es que me veo.

La aguja debería marcar que he despertado de un mal sueño, y no clavarseme, como antes hacían mis costillas en sus miedos, para derramar mi sangre sin que nadie lo vea.
No quiero inhundarme (y es más un ruego que una afirmación), que llueve fuera y dentro y te culpo de la culpa con la que me culpas, sin que se me trabe la lengua.
Y te ríes y me dices: 'a ti en esa boca no se te traba nada, todo lo tragas'.

Y ríes y yo lloro, y fuera no saben que hacemos.

Porque somos unx.
Y volvemos a estar rota.

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